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Adolfo Pedreros, exalumno Culinary: “Cuando haces lo que te gusta, nunca tendrás que trabajar, y es algo que se aplica mucho en esta carrera”

Un declarado amante de los viajes y de la cocina, Adolfo Pedreros, exalumno de Administración de Artes Culinarias y Servicios, conversó con nosotros para contarnos su vida una vez finalizada su etapa como estudiante Culinary.

Adolfo desde su adolescencia advirtió su cariño por la cocina; sin embargo, y después de una buena Prueba de Selección Universitaria (PSU), decidió optar por una carrera profesional tradicional.

“En ese tiempo, pensaba que estudiar Ingeniería Comercial, me iba a entregar las herramientas necesarias para entrar en un futuro al mundo de la gastronomía. Sin embargo, y después de un año me di cuenta que no había sido inteligente hacer esto, que lo mejor era irse directo a estudiar Administración de Artes Culinarias y Servicios porque me entregaba las herramientas para realizar lo que quería”.

Entre risas recuerda que llegó a estudiar “la carrera más convencional que puede existir. En todo el tiempo que estuve en la otra carrera, nunca me vi ejerciéndola. Soy una persona súper inquieta que prefiere estar haciendo cosas, y algo que calzó con mis intereses, fue la cocina”.

De su paso por la institución recuerda que, “había un buen ambiente. Lo relacionado a infraestructura y talleres, siempre fue impecable. Estaba la maquinaria necesaria para aprender y practicar de todo”. Su elección por el plantel vino de la mano de un conocido que estudiaba en Culinary; además de reconocer que la malla curricular “era más completa”.

Su experiencia en Chile y el extranjero

Enfrentar una pasantía puede marcar un antes y un después en la elección profesional. Adolfo, al igual que muchos exalumnos enfrentó tres procesos diferentes durante su formación académica. Su primera práctica la realizó en el Hotel Radisson de Viña del Mar. “Los primeros días fueron de labores sencillas, después de un par de semanas pasé al cuarto frío y terminé en la cocina propiamente tal”.

Decidido a seguir sumando experiencia, Adolfo cruzó el Océano Atlántico y aterrizó en el viejo continente. “Me fui a España por un contacto que tenía diferentes restaurantes con la alternativa de ir rotando. Empecé en un restaurant de cocina internacional en el aeropuerto de Madrid, después en un restaurant de un hotel y terminé en un negocio de sushi japonés”.

“Siempre me gustó viajar y conocer. Cuando estás afuera te siente en “otra”, vas a trabajar y después cuando sales, tiene mucho que seguir aprendiendo. Al final, en todos lados se come y se cocina”.

Su última experiencia la realizó en Santiago, en el “Mare e Terra”, donde sus labores estuvieron enfocadas en el apoyo administrativo del local.

La primera plaza

Una vez finalizados sus estudios superiores, Adolfo, tomó sus maletas nuevamente y decidió recorrer cientos de kilómetros para aterrizar en Australia. “Estuve un año, donde tuve la posibilidad de estudiar inglés. Pensaba quedarme para estudiar sobre huertos; sin embargo, me llamaron de Chile y me ofrecieron la oportunidad de ser chef para la apertura de un local de hamburguesas, Boston Burger. Me vine, y estuve los tres primeros meses como chef y administrador del local”.

“Después de un tiempo, se decidió hacer franquicia y se abrieron tres locales más. Me vi complicado con la expansión porque creía que aún faltaban cosas por hacer y seguir creando. Sin embargo, después de un año la empresa decidió cerrar los Boston Burger, y dedicarse a las franquicias”.

Su nuevo periplo por el extranjero

Su viaje por Australia rindió sus frutos. El periplo realizado por la tierra de canguros y koalas, lo hicieron conocer a un matrimonio dueño de dos restaurantes en Francia. “Hace un tiempo me contactaron y me ofrecieron la oportunidad de viajar a Francia”.

Adolfo se encuentra ad portas de volver a cruzar la frontera con destino a Francia, donde tendrá la oportunidad de trabajar en los restaurantes del matrimonio que conoció en su travesía por Australia.

La elección por carreras no tradicionales

Pedrero no se arrepiente de haber optado por una carrera no tradicional. “La cocina es gratificante a pesar de ser muy exigente. Te lo dicen del día uno, pero tiene muchas retribuciones y es entretenida. Es la vida de uno, un estilo más intenso que el convencional”.

“Cada vez que voy a trabajar me acompaña una sonrisa. Sales cansado, pero a la vez feliz de saber que todo el trabajo salió bien y los clientes se fueron igual de contentos que uno”.

Adolfo nos entrega una última reflexión sobre su labor como cocinero. “Cuando haces lo que te gusta, nunca tendrás que trabajar; y es algo que se aplica mucho a esta carrera”.

 

Milena Vallejos, chef instructora de Culinary participará como jurado en el nuevo concurso televisivo de pasteleros “amateurs”: Bake Off Chile

Milena será miembro del jurado junto al exalumno Culinary, Gustavo Sáez.

18 años de experiencia avalan a la chef instructora Milena Vallejos, quien desde ahora asumirá un nuevo desafío profesional: esta vez, desde la televisión. La joven pastelera será parte del jurado del primer programa destinado a elegir al mejor pastelero “amateur” de Chile.

Su cariño por la cocina se inició desde pequeña, donde recuerda que “cocinaba mucho. Mis papás me enseñaban y después lo replicaba. Después y con el paso del tiempo supe que existía una carrera para estudiar”. Ya en la educación superior, Milena encontraría ese cariño enorme que mantiene hasta hoy por la pastelería. “Estudiando me di cuenta que me gustaba, y de ahí nunca dejé de ser pastelera”.

Trabajó en diferentes plazas laborales, siempre desde la vereda de la pastelería. Emprendió y organizó una micro empresa que se dedicaba a la confección de tortas y eventos, posterior a ello, se inició en el mundo de las capacitaciones a través de una OTEC para, finalmente, llegar a Culinary.

“Me encanta hacer clases, es algo que me apasiona. Fue un camino que lo fui descubriendo porque nunca pensé que me iba a gustar tanto la docencia. Mis padres son profesores, y siempre me negué un poco a seguir un camino profesional como el de ellos”, comenta entre risas.

Una de las gratificaciones más significativas de su rol como chef instructora tiene que ver con la adquisición de conocimiento. “Hay que estar constantemente estudiando y perfeccionándose, los alumnos son minuciosos. Uno siempre debe estar viendo cosas nuevas e ir cumpliendo con las exigencias de los alumnos”.

Su nuevo desafío profesional

Milena Vallejos será miembro del jurado en la adaptación del programa inglés “Bake Off”, que buscará encontrar a los mejores pasteleros “amateurs” del país, y que pronto saldrá por la pantalla grande.

Al ser consultada sobre el proceso de postulación y las etapas que tuvo que enfrentar, Milena contó que a través de un conocido se enteró que estaban en la búsqueda de una pastelera chilena para que formara parte del programa. “Se me propuso y postulé pensando que no iba a quedar. Fue un proceso largo y estresante, participé de pruebas de cámaras y entrevistas, hasta que finalmente me dijeron que había sido seleccionada”.

“Estoy súper contenta, cuando iba pasando etapas no lo esperaba. Había pasteleras bien talentosas, con mucha experiencia y estudios en el extranjero”.

Auge de la pastelería

Desde un tiempo hasta la fecha, la pastelería chilena ha escalado pasos importantes para posicionar su nombre. El ejemplo más cercano son las dos clasificaciones que ha logrado la Roja Dulce a los mundiales de pastelería en el extranjero. En este contexto, Milena, quien ha empeñado su vida al arte del azúcar y el chocolate, comparte una reflexión al respecto.

“Estoy contenta con lo que está sucediendo, es algo que se empezó a generar hace poco tiempo. Tenemos a Gustavo Sáez -exalumno Culinary y también jurado de Bake Off- que participará del Mundial, esto ha generado que la pastelería se destaque y se haga ver. Me gusta que esté saliendo a la luz y que se valore lo que hacemos desde nuestra profesión”.

 

Andrés Gatica, ex alumno Culinary: “Crecí rodeado de sartenes, sabores y experiencias que llenaban mi corazón día a día”

La historia gastronómica del local reúne a tres generaciones de abuelos, padres e hijos que han pasado por Jazz Restaurant en más de 25 años de existencia. 

Su interés por la cocina se gestó desde pequeño, así lo considera el joven profesional de 28 años. “Provengo de una familia que se dedica al rubro de la restauración con orígenes franceses desde hace 40 años, por lo que crecí rodeado de sartenes, sabores y experiencias que llenaban mi corazón día a día.  Mi madre cocina el día de hoy y me sorprende cada vez más con su poder innato de llevar el amor a un simple plato de comida”, dice Andrés Gática.

“Desde que tengo conocimiento he estado dentro de una cocina, junto a mis padres, tratando de meter las manos. Pero no fue hasta que cumplí 15 años cuando me dejaron hacerlo y a partir de ese momento nuestra familia comenzó un nuevo proceso, ya que la experiencia en la cocina ya no era solo de ellos dos, sino que de los tres. En ese momento recién pude entender y vivenciar lo sacrificado que es este rubro, al no poder llegar a la casa, perderse momentos familiares o compromisos con mis amistades, sin embargo, había algo más fuerte que me impulsaba a seguir investigando”.

Con una vocación innata y dispuesto a seguir aprendiendo y profesionalizar su pasión, Andrés decidió armar su maleta desde Concepción para emprender un largo viaje lleno de sueños a Santiago. “A los 18 años me fui a estudiar con mucha seguridad gastronomía a la capital de mi país, pero a la vez con mucho miedo e incertidumbre”, recuerda

“Durante esos cuatro años de estudio aprendí muchísimo; cada día después de clases practicaba, haciendo actividades para poder cocinar una y otra vez. Además, logré tomar conciencia de muchas acciones que solo por repetición aplicaba junto a mi madre en la casa los días domingo. Así también, descubrí que lo más gratificante en la cocina es que solo con un bocado puedes provocar un sinfín de sentimientos dentro de la cabeza de otra persona”.

Andrés se declara un apasionado del estudio en el área de la gastronomía y cómo ha repercutido en la historia de la humanidad. Es un fanático de autores como Alejandro Dumas, J. A. Brillat – Savarin, Paul Bocouse, Jean Mari Arzak, Ferran Adria, entre otros. “Me he dado cuenta que la comida nos habla de la cultura, de las costumbres e intereses de una sociedad. En este sentido, la gastronomía es para mí una forma de hacer arte, pues es un medio de expresión del hombre. Un estudiante de cocina es también un estudiante de arte que debe crear mediante el conocimiento riguroso de sus materiales”.

Jazz restaurant

Más de veinte años avalan la trayectoria de Jazz Restaurant en la ciudad penquista, el cual y con el pasar de los años se ha hecho conocido por su buena mesa y la calidad de su servicio. En la actualidad, el negocio familiar ha decidido dar un giro e integrar nuevos platos y preparaciones innovadoras, modernas y vanguardistas: un toque y sello desde las nuevas generaciones que lidera el exalumno Culinary.

“Actualmente trabajo como chef en Jazz Restaurant, este local pertenece a mi familia desde hace 25 años, nos encontramos en pleno recambio generacional en el que queremos entregar experiencias a nuestros comensales que se extiendan mucho más allá de sus expectativas”.

“El concepto nace y persiste en el tiempo de entregar un buen servicio y una comida de calidad a las personas para que puedan pasar un momento único en cada visita que nos brinden. La propuesta busca romper los esquemas del gran Concepción”.

El nuevo sello del restaurant viene de la mano de la “Cocina de Autor”, la cual incorpora nuevas preparaciones, pero manteniendo la tradición que lo vio nacer y crecer. “La idea es aplicar técnicas e insumos propios de la región en sus platos por temporadas. Vamos en camino a eso y contamos con hongos endémicos, jurel, carnicerías locales, mariscos de la zona; además de incorporar carnes exóticas que no son de consumo general, como liebre, conejo, guanaco, pato, entre otras”.

Andrés realiza una última reflexión: “La vida de un restorán no se basa solo en la calidad del servicio en salón por un metre y lo que se cocina por un chef. Si no más bien cómo lograr que un grupo de extraños logre armonizar y convertirse en una familia que en conjunto quiera entregar amor en cada experiencia de servicio”.

 

 

 

 

 

 

Rodolfo Guzmán, chef de Boragó, de vuelta en el instituto

El reconocido chef nacional y exalumno de Culinary, presentó su nuevo libro que retrata el proceso creativo del Boragó, restaurant que se encuentra entre los 50 mejores del mundo.

El exalumno y fundador de Boragó, Rodolfo Guzmán, visitó Culinary en el contexto del inicio del año académico 2018, donde compartió un grato momento junto a los estudiantes en el Aula Magna de Casa Central. La instancia fue presidida por el chef instructor, Diego Castro, quien estuvo a cargo de conocer e indagar los aspectos y pasajes de la vida del reconocido chef chileno.

La conversación giró en torno a su experiencia de vida ligada a las artes culinarias y los desafíos que enfrentó, y que lo llevaron a fundar Boragó. Además de conversar sobre los procesos creativos que realiza el restaurant, compartiendo secretos y consejos en relación a los retos que se encuentra viviendo la industria, y que las nuevas generaciones deberán enfrentar. “Las posibilidades están siempre de la mano del conocimiento profundo”, sentenció Guzmán.

Boragó: Coming from the South

Además de conversar sobre su vida y experiencia ligada al rescate de elementos originarios de Chile, Rodolfo Guzmán, presentó a los estudiantes los pormenores de su primer libro, “Boragó: Coming from the South”, texto que retrata el proceso creativo tras 10 años de haber emprendido de la mano de Boragó, el premiado restaurante que hoy es considerado uno de los 50 mejores del mundo.

El libro, redactado en su totalidad por Guzmán, recorre diferentes paisajes e ingredientes autóctonos de Chile, y muestra la plasticidad del proceso creativo de Boragó, el cual se plasma en sus recetas, y muestra como un plato va evolucionando en diferentes recetas, pero con los mismos ingredientes.

El texto contiene 100 recetas en 288 páginas e incluye 150 ilustraciones y bocetos de diversos platos que son de autoría de Rodolfo Guzmán, y que hasta la fecha no habían sido publicados. Además, destaca todo el proceso investigativo que el restaurante ha llevado adelante y que se traduce en el rescate de ingredientes endémicos de Chile, los que van cambiando según su estacionalidad.

Constanza Ayestarán, exalumna y emprendedora: “Es difícil pero no imposible”

Conocimos a “Conty”, quien nos contó cómo ha transcurrido su camino profesional ligado a sus propios emprendimientos en el arte del azúcar y el chocolate.

Oriunda de Santiago, Constanza Ayestarán, es la responsable de dar vida a las creaciones en “The Cookie Factory”, empresa nacida en 2017 que se dedica a la elaboración de galletones personalizados en formato de pizza. “La idea viene de Colombia, y es un tema que se encontraba muy de moda. Junto a mi socia de ese entonces –quien fue la responsable de traer la idea- iniciamos el proyecto”.

Un formato diferente

The Cookie Factory ofrece para los amantes del azúcar y el chocolate, la experiencia de poder elaborar según el gusto del propio consumidor un entretenido y personalizado galletón en formato de pizza. “En un primer momento pensé que no funcionaria, pero gracias al marketing llevado a cabo, el proyecto se fue por las nubes. En la actualidad, nuestro público es muy diferente del que alguna vez pensamos” explica Constanza. “Los galletones se han canalizado en un público adolescente, siendo mismos papás los que encargan nuestros productos para sus hijas”.

“En The Cookie Factory, puedes armar tu galletón a tu pinta. Debes entrar a nuestra página web. Una vez dentro del sitio, elige la base y el tamaño; después la cobertura y los toppings; para finalmente agregar una dedicatoria si lo estimas conveniente”, señala Constanza.

Los productos han sido adquiridos para los más diversos fines, desde pedir pololeo hasta celebrar alguna festividad como aniversario o cumpleaños. Constanza explica que existen dos modalidades para distribuir su producto: retirarlo en el local o despachado a domicilio.

A pesar de llevar poco tiempo en el mercado, The Cookie Factory ha logrado un crecimiento sustancial en menos de un año. “En un principio fuimos dos las personas que empezamos el proyecto; sin embargo, y con el pasar del tiempo, nos hemos hecho un poco más conocidos y se ha integrado nueva gente”.

Su primer emprendimiento

Antes de probar suerte con The Cookie Factory, Constanza emprendió en 2012 a través de una pastelería virtual, llamada “Dulce Tentación”. “No tenía un local físico, pero ofrecía mis productos por internet. Después me enfoqué en matrimonios y el catering, donde tuve la posibilidad de trabajar con grandes empresas”.

Atrévanse

A sus 29 años, Constanza ha logrado liderar dos emprendimientos desde la vereda de la pastelería. “Me encanta haber emprendido porque puedo tomar mis propias decisiones y manejar mi tiempo. Como todo tiene ventajas y desventajas, pero según mi punto de vista, son más pro que contras”, explica.

“Es difícil pero no imposible. Lo único que les puedo decir es que tengan paciencia ya que cuesta que esto prenda en un primer momento. No crean que funcionará de un día para otro, existirán problemas, pero no se “echen a morir” porque todo tiene solución”.

Sobre Constanza

La exalumna de Administración de Artes Culinarias y Servicios, cuenta que su cariño por la pastelería nació durante la época estival. “Recuerdo que un verano en Santiago empecé a cocinar, pero solo cosas dulces. Fue en ese momento cuando me sugirieron estudiar una carrera ligada a la gastronomía. Hasta ese momento no lo había pensado, pero me sirvió para darme cuenta que esto me gustaba”.

Constanza conoció los programas académicos de Culinary gracias a las ferias vocacionales que su colegio organizaba. “Mirando la malla la encontré completa”, señala.

Su paso por la institución, lo define como “satisfactorio. La infraestructura de Culinary es muy buena, y al ser una institución pequeña todos se conocen. Siempre tuvimos de todo en el taller, y las materias con las que trabajábamos era de muy buena calidad”.

Exalumna Culinary triunfa en Estados Unidos

Revista Paula, entrevistó a Victoria Blamey, cocinera chilena y ex alumna Culinary, quien se encuentra nominada a convertirse en la mejor chef de Nueva York.

“El dulce y agraz de la cocinera chilena que brilla en Nueva York”, es el título de la entrevista que revista Paula le realizó a Victoria Blamey, cocinera de 38 años, quien se encuentra nominada para convertirse en la mejor chef de la ciudad estadounidense.

La nota en cuestión señala que, “fue una hamburguesa la que rindió a la crítica gastronómica de Nueva York a los pied de la chef chilena Victoria Blamey (38)”. En este sentido, agrega que, “la hamburguesa que nos provee la señorita Blamey es como un poema erótico. (…) Después de esta, Nueva York no necesita otra”, escribió el crítico gastronómico de The New York Times, Pete Wells, para alabar la propuesta”.

El texto agrega que, “tras años en la invisibilidad en la que suelen quedar los jefes de cocina de grandes restoranes –casi todos, en su caso, con estrellas Michelin–, se hiciera cargo de la cocina de Chumley’s, el mítico speakeasy neoyorquino (como se llamaba a los bares clandestinos en la época de la Ley Seca en Estados Unidos)”

Sobre su maravilloso producto que la tiene participando para convertirse en la mejor chef de New York, el texto señala que, “el sabor agridulce de la hamburguesa y exótico de otros de sus platos como el conejo arvejado o las ostras con puré de coliflor y chocolate, pusieron los ojos de los sibaritas sobre Mrs. Blamey, al punto de que en solo un año llegó a ser nominada para mejor chef de Nueva York por el sitio web foodie Eater.com. Ahora está a la espera del resultado del James Beard Foundation Award, que en febrero próximo premiará a los mejores chefs de Estados Unidos”.

“Aunque ella ve lejano el premio, sabe que está en un buen momento. Y reconoce que ha trabajado duro para eso. Porque hasta antes de esa hamburguesa, Victoria Blamey había trabajado casi exclusivamente en restoranes con una, dos y tres estrellas Michelin. “A todos ellos llegué desde abajo, siendo nadie”.

“Nacida en Santiago, a los 18 años partió a estudiar inglés en Cambridge, Inglaterra. Estuvo un año, luego volvió a Chile, entró a estudiar Periodismo. Entremedio se cambió a Historia. A los dos años dejó la carrera y solo entonces se decidió por Gastronomía en el Instituto Culinary”.

Fuente: Revista Paula

Ex alumnos son distinguidos entre los 50 mejores restaurantes de Latinoamérica

Los ex alumnos, Rodolfo Guzmán, Carolina Bazán y Gustavo Sáez, fueron elegidos entre los 50 mejores de Latinoamérica gracias al aporte y trabajo realizado a la gastronomía nacional. 

Año a año, el grupo de medios William Reed Media Group a través de su Revista Restaurant, elabora anualmente un reporte que elige a los mejores 50 restaurantes de Latinoamérica.

En esta ocasión tres ex alumnos de nuestra casa de estudios fueron galardonados por el organismo internacional, que situaron los restaurantes Bogaró, Ambrosía y 99, entre los 50 mejores de Latinoamérica.

El ex alumno Rodolfo Guzmán dueño de Bogaró, fue distinguido con el quinto lugar de la clasificación por tratarse de un restaurant que insiste en poner ingredientes y técnicas tradicionales como protagonistas de sus platos, además de explorar elementos originarios del país.

Por su parte, el 99 Restaurante, quedó en la clasificación número 14, lugar donde el ex alumno, Gustavo Sáez, se desempeña como sub chef y a cargo de la pastelería del lugar. Cabe señalar que, Gustavo fue elegido como el mejor pastelero de Latinoamérica durante el año 2016; además de conformar el equipo de la Roja Dulce, quienes participaron durante el año pasado en el Mundial de Pastelería realizado en Francia.

En el mismo sentido, la ex alumna Carolina Bazán, a través de su Restaurante Ambrosía, se quedó con el lugar 33º.

 

Amanda Abesada, Ex Alumna Culinary: “Me propuse ser un aporte al rubro de la hotelería y los servicios desde mi vereda como ex alumna”

A solo semanas de encontrar su primera plaza laboral, conversamos con Amanda Abesada, y nos contó cómo fue su paso por la institución, su experiencia en sus pasantías profesionales, y las motivaciones que la llevaron a generar un manual que contiene protocolos para recibir a personas con capacidades diferentes dentro del rubro de los servicios y la hospitalidad.

Con solo 22 años, Amanda Abesada, es una de las tantas estudiantes que pasaron por Culinary, y decidieron optar por un camino profesional no convencional. Titulada hace solo meses de Administración de Empresas Hoteleras y Servicios; y a pocas semanas de esta publicación, la ex alumna encontró su primera plaza laboral como Coordinadora de Eventos en el nuevo Hotel Atton en Viña del Mar.

Se define como una persona amante de los viajes, y que no gusta de rutinas establecidas. “Desde que empecé la educación media siempre pensé en estudiar derecho, y todo lo que hice en el colegio fue en porvenir de ello. Participé de litigaciones, debates y cursos de verano sobre abogacía. Cuando llegó el momento de la decisión, me imaginé en ello, y decidí que no era para mí”.

“Por lo mismo, me replanteé las cosas y un día escuchando la radio, sonó “estudia hotelería en Culinary”. La palabra hotelería despertó algo en mí, me puse averiguar, visité la escuela y quedé encantada con la carrera; dentro de las cosas que más me atrajeron fueron los idiomas y las prácticas profesionales”.

Amanda no titubeó al momento de elegir una carrera profesional no convencional, y nos comentó que, “siempre basé mi decisión en lo quería y en lo que me veía realmente”. Su paso por la institución lo define como “los mejores momentos que he tenido y los más gratificantes profesionalmente”.

La experiencia en sus pasantías profesionales

Amanda desde su época como universitaria destacó por su buen rendimiento en torno de la carrera, caso parecido sucedió con sus prácticas profesionales, las cuales las define como, “experiencias muy enriquecedoras e incomparables”.

Su primera experiencia la enfrentó en el área de recepción del Hotel W, vivencia que define como “sacrificado, pero muy gratificante. Puedo decir que todo lo que sé de hotelería fue en gran medida gracias a mi primera práctica. La recepción es el corazón del hotel, uno debe saberlo todo y había que estar en constante movimiento, preguntar e informarse”.

Su segunda experiencia fue de la mano del Hotel Noi, en Vitacura, donde Amanda está vez se desempeñó en el área de reservas. “Fue otra buena experiencia, donde aprendí más del trabajo en equipo y a perderle el miedo a la rutina de la oficina”.

Su última gran experiencia la llevó a cabo en el extranjero. Amando viajó cientos de kilómetros y atravesó el Atlántico para llegar a su último gran desafío: España. Esta vez Amanda fue elegida por su Jefe de carrera, Carlos Siade, para desempeñar el cargo de coordinadora de eventos en el Hotel Regina de Barcelona. “El estar fuera del país me hizo crecer mucho en lo personal, pero fue muy gratificante que Carlos me eligiera ya que muchos querían ir a España, por lo que me tomé el cargo con gran responsabilidad, quería que se sintiera orgulloso”.

Las vivencias en Kendall, Estados Unidos

Amanda fue parte del grupo de estudiantes que viajó a Estados Unidos en el contexto del Summer Workshop en Kendall; y su experiencia la define como “increíble e irremplazable”.

“El workshop fue muy bueno, aprendimos el modelo Canvas para llevar a cabo emprendimientos. Después de las dos semanas que duró el programa tuvimos que enfrentarnos en la realización de un proyecto, el cual tuvimos que presentar frente a una comitiva de emprendedores y gente de negocios de Chicago. Tuvimos clases en la mañana y durante la tarde, participamos de varias salidas a terreno. Conocimos Google, y variadas empresas que emprendieron e innovaron en distintos rubros. Así, te das cuenta que los emprendimientos no se tratan solo de ganar dinero, sino de innovar o ayudar a la comunidad y hacer algo por el otro, lo que resulta muy enriquecedor, me hizo volver con otra mirada para mis proyectos”.

La inclusión como proyecto de titulo

Las prácticas habían concluido y las asignaturas teóricas ya se encontraban en la recta final. En este contexto, la joven ex alumna necesitaba realizar su proyecto de título para culminar sus estudios superiores.

“No quise realizar un proyecto de mercado porque en su mayoría los trabajos resultan ser ficticios y no aplicables. Por lo mismo, me propuse ser un aporte al rubro de la hotelería y los servicios desde mi vereda como ex alumna. Todo se inició cuando a través de una asignatura, elegí crear un hotel que estuviese adaptado para personas con capacidades diferentes”.

En este contexto, Amanda inició su búsqueda por internet para obtener la información al respecto, y advirtió que existía muy poco material al respecto. “Dentro de la búsqueda encontré material mayoritariamente relacionado a infraestructura, y fue ahí donde me pregunté ¿De qué sirve que un huésped pueda dormir en el hotel si el personal del mismo no sabrá hacerlo sentir bienvenido, no encontrará servicios destinados para él, o los protocolos de seguridad no lo tomarán en cuenta?”.

Bajo esta tónica, la joven titulada comenta que “para mi tesis quise realizar un manual que abarcara la mayor cantidad de aspectos de la vida de una persona en un hotel, desde la bienvenida hasta los servicios a los que pueda acceder”. De esta manera, y gracias a diversas entrevistas a padres e hijos que son atendidos en el Instituto Teletón Valparaíso, y a las necesidades que su madre, especialista en rehabilitación, le pudo comentar al respecto, Amanda logró incorporar servicios innovadores y un protocolo de atención inclusiva, donde se detalla desde cómo recibir a personas con capacidades diferentes.

El trabajo de graduación de Amanda, toma una temática contingente y viene de la mano de las políticas públicas en materia de inclusión, un trabajo nacido de las inquietudes personales y que pretende dar una mirada transversal a la discapacidad. “El día de mañana tú y yo vamos a necesitar asistencia, o si mi acompañante de viajes se fractura el tobillo no se va a quedar sin disfrutar su estadía. E incluso, la aplicación del manual puede ser un aporte para mis propios colegas en situación de discapacidad”. Sin duda, un trabajo de título que busca ser aporte real no solo a la inclusión, sino también, al gran mundo que resulta ser la hotelería y los servicios.

Camila Alvarado, ex alumna Culinary: “Muchas veces la gente se limita a pensar que, si uno estudia una carrera como ésta, estará obligada solo a cocinar”

A su corta edad, la profesional de las artes culinarias ya ha surcado diferentes contextos laborales entre los que destacan la docencia, el trabajo en restaurantes y los primeros pasos de su propio negocio.

Oriunda de Coyhaique, Camila Alvarado, se define como una persona “alegre, sociable, trabajadora e hiperactiva. Me gusta hacer actividades que me mantengan en constante movimiento”. La joven profesional también nos contó que, “últimamente me he dado cuenta que me gusta mucho realizar clases y por sobre todo, enseñar”.

La joven cocinera, una vez finalizado sus estudios en Culinary tuvo la oportunidad de encontrar casi inmediatamente su primera plaza laboral. “Apenas me titulé encontré trabajo en un proyecto muy entretenido que constaba en la apertura de un restaurant”. Experiencia que retrata “como muy buena porque siempre había trabajado en lugares que ya estaban en marcha y uno se sumaba simplemente. En este proyecto estuve poco más de un año, donde me enseñó a ver la otra cara de la moneda, y trabajar en el diseño de cartas, con proveedores, realizar inventarios, llevar a cabo contrataciones de personal, estandarizar recetas y generar nuevos productos”.

“De ahí me fui feliz, aprendí mucho y agradezco la oportunidad por la confianza brindada ya que me encontraba recién titulada y no tenía mucha experiencia. Sin embargo, no me sentí cómoda en Santiago por lo que decidí venirme a vivir al sur”.

La docencia como opción profesional

Una vez en el sur, Camila aterrizó en Puerto Montt, donde optaría por un camino laboral diferente al surcado hasta la fecha, pero que la llenó de gratificaciones, sorpresas y buenos momentos. La profesional de las artes culinarias se encuentra realizando capacitaciones en un programa de gobierno llamado “Más Capaz”, instancia que busca la inserción laboral de personas con capacidades diferentes tanto a nivel físico como cognitivo.

“Las clases fue algo que me encantó, descubrí que mi amor por enseñar era tan grande como el cariño que le tengo a la cocina. Sin duda, ha resultado una experiencia que me ha ayudado a desarrollarme profesionalmente y de manera personal. Mi tarea era que ellos se lograran desarrollar como auxiliares de panadería y pastelería. En este contexto, me asombró ver como ellos son capaces de aprender todo lo que se propongan, teniendo en cuenta el amor y la paciencia”.

Los primeros pasos hacia el emprendimiento

Alvarado al momento del volver al sur se encontraba sin trabajo, por lo que decidió ofrecer cenas navideñas a la gente que conocía. “Empecé a vender cenas para estas festividades (navidad y año nuevo). La respuesta de los clientes fue positiva, lo que significó que se corriera la voz. En la actualidad, me dedico a vender postres, tortas y comidas preparadas”.

“Pretendo abrir mi propio emprendimiento ya que la llegada a sido positiva, es más mis clientes han ido incrementado y con el tiempo se han sumado más y más. En este momento ya tengo un taller en mi hogar para la producción”.

Las motivaciones para estudiar una carrera no convencional

“Nunca fui mala alumna, y siempre me destaqué en el área humanista en el colegio, por lo que pensé seguir una carrera profesional ligada a ese rubro. Siempre me gustó la cocina, pero nunca lo vi como una opción ya que desconocía que existían lugares que tuvieran la gastronomía en un nivel alto y profesional. Es así como, cuando estaba en tercero medio escuché de Culinary, y me puse a investigar. Me encantó enseguida, revisé la malla y me dio seguridad, porque –hasta ese momento- no sabía si me llegase a gustar la pastelería, la cocina o la administración, por lo que la carrera me permitía aprender de todo para luego poder definir lo que quería hacer. Me encontré con una malla completa y entretenida”.

Camila, inició sus estudios en Casa Central Santiago, donde cursó los primeros tres años para posteriormente culminar su estadía en la Sede de Viña del Mar. “Tuve la posibilidad de tener muy buenos profesores, además de la calidad de las materias primas, la infraestructura del lugar y al ser pocos alumnos podíamos hacer las cosas de forma individual. Otro punto que me llamó la atención fueron las prácticas profesionales y la opción de poder realizarlas en el extranjero; además de las redes de contacto que permiten conocer y realizar pasantías en los mejores restaurantes y hoteles”.

Camila es enfática en destacar lo amplia que puede llegar a ser la carrera. “Muchas veces la gente se limita a pensar que, si uno estudia una carrera como ésta, estará obligada solo a cocinar. Sin embargo, el campo laboral es muy amplio que van desde la docencia y/o realizar tu propio emprendimiento; es más mi marido –que también estudio en Culinary- se encuentra administrando una empresa gastronómica”, señaló la oriunda de Coyhaique, Camila Alvarado.